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“En Alda pude ver un trabajo a largo plazo. No es que actúo hoy y mañana veo los cambios” Entrevista a Laura Querol
Wednesday 1 February 2012 - 18:20Me llamo Laura Querol, soy catalana y llevo varios años viviendo en Girona, donde me encuentro muy bien. Es una ciudad pequeña y agradable.
Soy profesora de inglés y llevo 18 años impartiendo clases. La educación es un mundo que me gusta mucho, es mi vida.
A parte de eso, me gusta el arte y siempre estoy haciendo cursos. El arte me ayuda a dejar la mente en blanco, es como una meditación para mí.

Soy profesora de inglés y llevo 18 años impartiendo clases. La educación es un mundo que me gusta mucho, es mi vida.
A parte de eso, me gusta el arte y siempre estoy haciendo cursos. El arte me ayuda a dejar la mente en blanco, es como una meditación para mí.

Mi experiencia como voluntaria empezó en Nicaragua. Mi primera cooperación con Nicaragua fue con una ONG sueca que estaba haciendo talleres para mujeres en informática, para que pudieran tener algo en el currículum y encontrar trabajo. Después, pude continuar con mi cooperación y estuve un año y medio en una organización que se llama Esperanza. Ellos trabajan en escuelas públicas rurales y dan refuerzo escolar. Ese tiempo estuve trabajando en la Escuela “Las Camelias” con niños de primero y segundo grado.
Me dijeron que había una organización dedicada a la educación y que hacía un buen trabajo
Supe de la existencia de la Fundación Alda el año pasado (2010), cuando estuve aquí en Paraguay. Conocí a un chico que trabaja en AIETI, Jordi Borlán, y él me habló de Alda.
Yo venía a hacer un estudio de campo en una escuela, y él me dijo que había una organización catalana que se dedicaba a la educación, y que realizaba un buen trabajo. Posteriormente, vine aquí a la Fundación y hablé con Alex Loza. Luego visité escuelas del Proyecto Alda Educa y ahí empezó mi relación con la Fundación.
Colaboración con los Centros de Atención a la Comunidad (CAC)
En este viaje a Paraguay, julio de 2011, colaboré con el CAC de Guarambaré. Ahí trabajé con el Proyecto Educación Creativa, los niños de preescolar, primero, segundo y tercer grado. Estuve colaborando con las educadoras que están allí y les ayudé con las actividades que preparan semanalmente. Al principio, ellas me iban dirigiendo y hacía más que nada refuerzo, nos dividíamos al grupo para que se pudiera trabajar mejor.
La segunda semana ya me pidieron que yo también entrara en la computadora y escribiera qué es lo que habíamos hecho, porque ellas llevan un seguimiento de cómo habían estado los niños, qué se ha hecho, y si se han hecho todas las actividades programadas. Me ayudaron mucho a integrarme.
En la tercera semana me pidieron que les sugiriera algunas actividades de arte para hacer con los niños. Gradualmente, mi responsabilidad fue subiendo un poquito, pero siempre al amparo de las educadoras, y siempre lo que ellas me pedían.
Estuve con el grupo de madres –tendríamos que decir padres, pero solo vienen madres- en los dos CAC, en Guarambaré y en Villa Elisa. Hicimos talleres de arte. En uno de ellos preparamos unos mosaicos usando cartulina, y en el otro hicimos como unas tiras de flores con papel seda. Fue muy interesante ver a las madres juntas y olvidarse de que tienen niños, de que hay un marido, estando ahí concentradas, haciendo trabajos con las manos. El grado de complicidad entre el grupo de madres de Villa Elisa es mucho más elevado que en Guarambaré, donde se lleva poco tiempo trabajando.
Se está viendo un buen trabajo en ese sentido, porque a medida que pasa el tiempo ves que en la relación entre madres, niños y educadoras hay mucha más complicidad, es una relación casi ya de amistad.
El poder de sobrellevar la realidad con una sonrisa
Lo que más impresiona es que, en un país que está considerado de los más pobres dentro de Sudamérica, la gente sea tan hospitalaria y tan alegre. No sé si eso es bueno o malo, ya que eso quiere decir que están tan acostumbrados a las desgracias que aprenden a vivir con ellas. A mi lo que más me afecta es cuando veo a las madres que vienen, y sé que hay un montón de problemas en su casa, y que su vida es muy dura, en cambio vienen con una sonrisa. Eso es lo que más me impresiona, ese poder de sobrellevar la realidad, de superar lo que le rodea con una sonrisa.
La imagen más negativa que me llevo del país es que todavía se vean niños por la calle, gente tan pobre y gente tan rica a la vez, eso duele.
Por lo que he visto, sobre todo cuando estuve en la capacitación de docentes del Proyecto Alda Educa, hay mucha diferencia entre los profesores que ya llevan cuatro años en el proyecto y los que acaban de entrar. Se nota la diferencia. Eso indica que sí se producen cambios.
Alda: seriedad y objetivos claros
Una de las características más importantes del trabajo de Alda es que los cambios son a largo plazo. No es que actúo hoy y mañana veo los cambios. Pero creo que Alda, por lo que he visto en los CAC y en el Proyecto Alda Educa, tiene un objetivo muy claro, y va por buen camino en el sentido de que no es una actuación paliativa de poner parches.
Seriedad y objetivos claros son las palabras que mejor definen el trabajo de Alda. Es un trabajo lento, pero es lento porque se va lejos.
Esta experiencia se la recomendaría a todos porque aprendes mucho, y no solo acerca del país, sino que aprendes a conocerte a ti mismo. Iniciativas como ésta te ayudan a ver lo que es esencial en la vida.
Me dijeron que había una organización dedicada a la educación y que hacía un buen trabajo
Supe de la existencia de la Fundación Alda el año pasado (2010), cuando estuve aquí en Paraguay. Conocí a un chico que trabaja en AIETI, Jordi Borlán, y él me habló de Alda.
Yo venía a hacer un estudio de campo en una escuela, y él me dijo que había una organización catalana que se dedicaba a la educación, y que realizaba un buen trabajo. Posteriormente, vine aquí a la Fundación y hablé con Alex Loza. Luego visité escuelas del Proyecto Alda Educa y ahí empezó mi relación con la Fundación.
Colaboración con los Centros de Atención a la Comunidad (CAC)
En este viaje a Paraguay, julio de 2011, colaboré con el CAC de Guarambaré. Ahí trabajé con el Proyecto Educación Creativa, los niños de preescolar, primero, segundo y tercer grado. Estuve colaborando con las educadoras que están allí y les ayudé con las actividades que preparan semanalmente. Al principio, ellas me iban dirigiendo y hacía más que nada refuerzo, nos dividíamos al grupo para que se pudiera trabajar mejor.
La segunda semana ya me pidieron que yo también entrara en la computadora y escribiera qué es lo que habíamos hecho, porque ellas llevan un seguimiento de cómo habían estado los niños, qué se ha hecho, y si se han hecho todas las actividades programadas. Me ayudaron mucho a integrarme.
En la tercera semana me pidieron que les sugiriera algunas actividades de arte para hacer con los niños. Gradualmente, mi responsabilidad fue subiendo un poquito, pero siempre al amparo de las educadoras, y siempre lo que ellas me pedían.
Estuve con el grupo de madres –tendríamos que decir padres, pero solo vienen madres- en los dos CAC, en Guarambaré y en Villa Elisa. Hicimos talleres de arte. En uno de ellos preparamos unos mosaicos usando cartulina, y en el otro hicimos como unas tiras de flores con papel seda. Fue muy interesante ver a las madres juntas y olvidarse de que tienen niños, de que hay un marido, estando ahí concentradas, haciendo trabajos con las manos. El grado de complicidad entre el grupo de madres de Villa Elisa es mucho más elevado que en Guarambaré, donde se lleva poco tiempo trabajando.
Se está viendo un buen trabajo en ese sentido, porque a medida que pasa el tiempo ves que en la relación entre madres, niños y educadoras hay mucha más complicidad, es una relación casi ya de amistad.
El poder de sobrellevar la realidad con una sonrisa
Lo que más impresiona es que, en un país que está considerado de los más pobres dentro de Sudamérica, la gente sea tan hospitalaria y tan alegre. No sé si eso es bueno o malo, ya que eso quiere decir que están tan acostumbrados a las desgracias que aprenden a vivir con ellas. A mi lo que más me afecta es cuando veo a las madres que vienen, y sé que hay un montón de problemas en su casa, y que su vida es muy dura, en cambio vienen con una sonrisa. Eso es lo que más me impresiona, ese poder de sobrellevar la realidad, de superar lo que le rodea con una sonrisa.
La imagen más negativa que me llevo del país es que todavía se vean niños por la calle, gente tan pobre y gente tan rica a la vez, eso duele.
Por lo que he visto, sobre todo cuando estuve en la capacitación de docentes del Proyecto Alda Educa, hay mucha diferencia entre los profesores que ya llevan cuatro años en el proyecto y los que acaban de entrar. Se nota la diferencia. Eso indica que sí se producen cambios.
Alda: seriedad y objetivos claros
Una de las características más importantes del trabajo de Alda es que los cambios son a largo plazo. No es que actúo hoy y mañana veo los cambios. Pero creo que Alda, por lo que he visto en los CAC y en el Proyecto Alda Educa, tiene un objetivo muy claro, y va por buen camino en el sentido de que no es una actuación paliativa de poner parches.
Seriedad y objetivos claros son las palabras que mejor definen el trabajo de Alda. Es un trabajo lento, pero es lento porque se va lejos.
Esta experiencia se la recomendaría a todos porque aprendes mucho, y no solo acerca del país, sino que aprendes a conocerte a ti mismo. Iniciativas como ésta te ayudan a ver lo que es esencial en la vida.
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