Testimonios


Sra. Juana López
Educadora de la comunidad


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Juana, qué haces en el Centro de Atención a la Comunidad

La actividad que realizo es estar siempre con los chicos, jugando, enseñándoles dentro de lo que está en mis posibilidades, viendo que se sientan bien.

Qué balance puedes hacer de tu participación en el proyecto Formación de Padres que se extendió por un año en el CAC.

Como mamá me ha servido muchísimo, he aprendido a tratarles a los niños, a jugar con ellos, porque muchas veces yo me salía de los límites también para educarles a mis hijos. Lo más importante que aprendí fue a abrazar y a darle besos a los hijos míos y a los que son de acá, que son también como mis hijos. Porque antes yo era muy fría, ni con mis hijos, yo no les daba abrazos ni nada, y a veces les rechazaba. Ahora, en cambio, yo trato de abrazarles y de darles besos porque aprendí que es muy importante, tanto con mis hijos como con los chicos de acá.

Cómo se sintieron ustedes en ese espacio de Formación para Padres y madres.

Cuando llegaba el jueves para nosotros era dejar todito, hasta la olla y todo. Después de que salía de aquí yo tenía que ir a casa a hacer todos mis quehaceres, pero a mi no me importaba porque tenía que venir, porque me gustaba, porque sino fuera así no habría tenido mayor participación. Estos días me encontré con una mamá que participó de los talleres y me decía que estaba muy deprimida y se sentía mal, porque tiene muchos problemas que ella resuelve sola. Porque cuando ella venía acá ella se olvidaba de sus problemas.

A que se debe que haya participado tanta gente en los talleres y durante un tiempo largo.

Yo digo que es porque corren las voces, porque la gente lleva a contar su experiencia. Las primeras veces éramos muy pocas después fueron viniendo, viniendo y viniendo hasta que eran muchísimas. Yo vine por curiosidad y desde esa vez me encanto y vine otra vez este año.

Al principio a mi me gustó porque se hablaba mucho de cómo tratarle a nuestros hijos, cómo tenemos que ser con nuestros maridos, con nuestros hijos en el hogar, eso fue lo que más me impactó, me gustó.

Cómo se trabajaba en los talleres

A la vez eran cosas muy divertidas y a la vez cosas muy serias, que teníamos que hablar entre las mujeres, porque era todo de mujeres, ningún varón vino. Eran cosas divertidas y aprendimos a hacer amistades. Nosotros nos encontrábamos en la calle y ahora ya no le vemos más a esa amistad que hicimos aquí y que sentiste más, eso nos cuesta bastante.


Entiendo que también recibieron una bolsa de juguetes para estimular a sus hijos.

Sí, para nosotros fue una sorpresa porque al principio no sabíamos que iba a ser esa bolsa que nos entregaron. Tenía un rompecabezas, un trencito de madera, el queso de madera, los libros de cuentos, las zapatillitas que tenían que ellos desatar y para que aprendan atarse los cordones de sus zapatos, cantidad de cosas. Pero al final nos gustó porque, por ejemplo, el rompecabezas nos sirvió mucho porque nuestros niños aprendieron a armar su propio juego, a contar, a conocer los colores. Mi hija que se va a Primera Infancia, por ejemplo, ya sabe algunos colores. Ella tiene todavía el rompecabezas, lo usa y lo guarda en su lugar otra vez.

¿ Lo que aprendiste te ha servido para mejorar tu trabajo con los chicos en el Centro?

A mi me sirvió porque yo no sabía cómo manejar a los chicos, lo mismo aprendí a armar los rompecabezas, me tocó ensayarme con mis hijos. Pero el respeto sobre todas las cosas, para mi es lo importante porque no es solamente en mi casa. Aplicar el pedir permiso, el por favor. Yo todos los días estoy insistiendo en que ellos pidan por favor, a cualquier persona. Que aprendan a respetar y a pedir por favor, en especial cuando están recibiendo la merienda, esto lo he aprendido en este tiempo, y otras cosas. A mi me gusta estar en este lugar porque me levanto con ganas de venir. Anteriormente yo trabajaba en otro lugar, en casa de familia y me decía, “para qué me voy a ir, estoy muy kaigue” (desganada). En cambio aquí me levanto con mucha energía y vengo. Y ver a los niños recibirme así con flores, cuando me ven se van a recibirme con abrazos, se me suben todos. Entonces ya no tengo ese aspecto de rechazarles a ellos, porque aprendí el amor por los niños. Porque antes esa no era mi forma de ser, de quererle a otros niños que no sean míos. Ahora me siento bien haciéndolo.

Qué otras cosas aprendieron.

A hacer detergentes y champú, eso fue lo que aprendimos a hacer. Fue un pedido especial de algunas madres por las necesidades que teníamos en casa.

Y cómo sentís que te ve la comunidad por realizar este trabajo de cuidado y apoyo con los niños

Cuando voy por la calle y los niños que vienen aquí o sus familias me ven, me llaman “profe”, y ellos con respeto me saludan. Yo soy una persona que acostumbra a saludar siempre y nunca tuve conflictos con ninguna mamá. Tal vez sea eso y que para la gente la fundación es como un espejo muy grande y que respetan mucho, como si fuera una imagen este lugar. Las mamás que me encuentro en la calle, me saludan, me preguntan cosas, y a mi eso me hace sentir bien, porque ahora sé lo que yo valgo como persona desde que vine a este lugar. Siento mucho que esa persona me está respetando a mí, eso es lo que más me llena de alegría. Cuando me voy al almacén y me encuentro con las madres me dicen “hola profe, cómo te va” , me abrazan, me besan y eso a veces ni yo me creo que estoy allí, como si fuera que estoy soñando.

Y en tu casa, con tu familia, en qué te han ayudado estos aprendizajes

Mi marido se extraña de la forma cómo he cambiado porque antes me plagueaba (refunfuñaba) mucho en casa, ahora ya no. También le extraña mi cambio como mamá, en los tratos con mis hijos, con él. Me dice que voy a ser recibida como profesora profesional y le gusta mucho. Mi papá también me dice, ahora vos casi ni hablás después de que antes hablabas tan fuerte. Y a veces pido permiso y mi hermana me dice “desde cuando acá”. Ese es el cambio que ellos notan en mí y me alegro.

Cómo te imaginas que puede cambiar la comunidad teniendo estos espacios educativos

Yo digo que los niños siempre van a llevar en la memoria que ellos vinieron aquí a aprender cosas buenas y no cosas malas. Muchos vienen de las calles, nosotros les tenemos cariño y ellos ahora ya abrazan, besan, se van a la escuela, es algo especial que van a llevar hasta que sean abuelitos.

En qué otros aspectos has visto mejoría de los niños

Con las clases de refuerzo que nuestros compañeros dan yo veo que hay muchos cambios. Esos niños que antes eran medio kaigue, más dormidos, ahora están más vivos que los otros. Y en las escuelas yo escucho que las maestras dicen que esos niños han cambiado mucho, y hasta las profesoras les empujan a los niños para que vengan aquí a Alda. Eso es demasiado lindo para mi, es maravilloso. Hubo un caso de un niño que no volvió más y su mamá desesperada me fue a buscar. Y me dijo que ella por tonta no le mandó más y él siempre quiere venir. Ella le obligaba para que no venga, pero se dio cuenta que era una equivocación. Nos alegra por ellos porque son como nuestros hijos y tenemos que pensar en ellos.

Un mensaje final para la gente de tu comunidad y quienes apoyan los proyectos de Alda

Por mi parte yo le diría a las madres que tengan la posibilidad de mandar a sus hijos a la fundación, que no lo piensen dos veces, que manden a sus hijos porque va a ser un lugar donde van a aprender muchas cosas y que alguna vez ellos se van a dar cuenta que en este espacio sus hijos van a adquirir muchas experiencias. Que si no quieren que se vayan por el mal camino, yo creo que tienen que venir acá, no tienen que ni dudar, ese es mi pedido especial

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